Los buenos sueños son como burbujas de jabón coloridas en el cerebro: flotan brevemente por la cabeza, brillan durante un momento y estallan tan pronto como suena la alarma.

Son insignificantes porque no tienen relevancia fiscal, no pagan facturas, no resuelven problemas ni te entregan pizza. Son no reales, no influyen en el curso del mundo, e incluso no puedes archivarlos de forma útil. Nadie se despierta y dice: “¡Por fin! ¡Lo logré, fui rey de las ballenas voladoras!”

Pero son divertidos porque permiten que la mente haga tonterías sin que nadie se queje. Sin lógica, sin obligaciones, solo tú, un enorme cactus bailando techno en la Antártida. Los sueños son como un teatro de improvisación gratuito en tu cabeza, donde eres la estrella, el director y el único espectador al mismo tiempo.

Conclusión:
Los buenos sueños son como ositos de goma en el cine mental. Sin valor nutritivo, pero coloridos, dulces y mejores que nada.

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"Nutur"