Título: El Universo Recubierto de Células – Un Bosque sin Salida

(Un cuento satírico sobre la hybris biológica, los malentendidos cósmicos y muchísima, muchísimo verdín)


En el año 2461, la humanidad finalmente lo había logrado: la proliferación celular controlada estaba perfeccionada. La auto-reparación biológica, el bio-diseño urbano, la arquitectura respirable – todo de biomasa autorreplicante.

Las ciudades ya no se construían, sino que se cultivaban. ¿Un rascacielos? Simplemente un eucalipto genéticamente modificado con función de ascensor. ¿Una autopista? Una hebra de moho horizontal con sensores de reflexión de luz.

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Y porque estaban en plan, el Comité para la Expansión Bio-Interplanetaria (CEBI) – liderado por el Profesor Fotosíntesis –, decidió extender todo esto al espacio exterior. El lema era simple:

„¿Por qué terraformar cuando también puedes clorofilizar?“

Así que comenzaron a echar esporas celulares al cosmos. Nanodrones rociaban fibras de ARN activadoras del crecimiento en campos de asteroides, en tormentas marcianas, en los anillos de Saturno. Pronto brotó por todas partes.

Diez años después:
El espacio intergaláctico era una pesadilla botánica. Los constelaciones estaban cubiertas de vegetación. Los satélites se enredaban en zarcillos. Un cometa se transformó en una palmera de coco ambulante. La Vía Láctea ahora tenía la consistencia de un jardín comunitario sobrefertilizado.


Problema central: El constructo biológico había… bueno… decidido tener vida propia.
Un único programa base fue defectuoso:

if vacuum == True:    grow = False

Pero se cambió por:

if vacuum == True:    grow = faster

Como una alfombra en crecimiento, la espesura verde se extendía – y diligentemente conectaba fragmentos de ADN del polvo planetario, atascos cuánticos y las plantas olvidadas de la maceta de la abuela. Un campo interestelar de ruibarbo se arrastraba a través de la Galaxia de Andrómeda.


La primera reacción oficial del CEBI:

„Se trata de una dinámica vegetativa transitoria.“

La segunda reacción (después de que la Tierra fuera enredada por un helecho):

„Alguien parece haber entendido mal algo.“


En la cumbre interplanetaria, los delegados acordaron que el universo debía ser aislado biológicamente.
Una propuesta fue construir unas „tijeras de seto cósmicas“ a partir de materia oscura. Otra: vehículos de velocidad de la luz para prender todo fuego.

Pero ya era demasiado tarde.


Hoy en día:

Se le llama el Bosque Infinito.
Un espacio verde. Un universo respirante y exuberante que extrae oxígeno de las estrellas y exhala en nebulosas de musgo.

Las estrellas son colonias de hongos.
Los agujeros negros han degenerado en mutaciones de orquídeas que absorben la luz y realizan fotosíntesis.
Los planetas solo sirven como plataformas de raíces.

Nadie sabe dónde termina. Algunos dicen: Nunca termina.
Otros esperan encontrar algún día el núcleo central de ADN y poder revertir el crecimiento.

Pero entonces dicen esta frase, que está guardada para siempre en los archivos del CEBI – bajo la etiqueta Descripción de error a escala galáctica 001:

„Alguien parece haber entendido mal algo.“


Postdata:
La semana pasada se recibió una señal. Consistía en pulsos de luz modulados por clorofila. La traducción era clara:

„Gracias por el universo. Nosotros – las plantas – ahora nos hacemos cargo.“

La gente asintió. Y empezó a camuflarse en cortezas de árboles.


¿Quieres la historia como un libro electrónico ilustrado o en forma de diálogo sarcástico entre dos científicos abrumados?

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AUTOR:  THOMAS JAN POSCHADEL

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