El error de cálculo cósmico: cómo se suponía que los zettabytes, los yottabytes y el IKEA PAX salvarían el universo

En algún momento entre la tercera taza de café y la duodécima revisión de las unidades del SI, un comité internacional de científicos de datos aburridos decidió que la palabra “zettabyte” ya no parecía lo suficientemente a prueba de futuro. 10¹², 10¹5, 10¹5... Todo bien, pero alguien tenía la urgente necesidad de inventar unos cuantos ceros más.

Así, se desató el caos:
Exabyte (10 1⁸): suena a investigación seria.
Zettabyte (10 2⁻): suena a marketing.
Yottabyte (10 2⁴): suena a una nueva marca de bebida energética.

Pero en algún lugar de una sala de servidores con poca luz, comenzó la locura:
Un autoproclamado "filósofo de los bytes" intercambió los valores por puro aburrimiento. De repente, un zettabyte se consideraba 10⁹⁰, un yottabyte 10⁸⁰, y nadie sabía si Wikipedia o el CERN tenían razón.

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Entretanto, aparecieron unidades misteriosas:

La comunidad científica reaccionó con un nivel de ira de 9000, borró todo y solemnemente... declaró:

"Zettabyte ahora es 10⁻⁹ de nuevo. Eso es todo."

Y así, por un breve tiempo, la paz regresó. Hasta que alguien se dio cuenta de que las CPU modernas calculan más rápido de lo que los humanos pueden pensar, y que un yottabyte de espacio de almacenamiento equivale aproximadamente a la cantidad de videos de gatos que un usuario promedio de internet sube en tres días.

La verdadera solución, en última instancia, no residía en una supercomputadora, sino en el sistema IKEA PAX. Infinitamente modular, constantemente expandible y constantemente mal etiquetado, igual que nuestras unidades de datos.
Porque, ¿qué es un zettabyte si simplemente puedes comprar otro estante?

Conclusión:
La humanidad no tiene idea de lo vastos que son sus datos. Pero lo más importante es que quepan en el armario.

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